Depósito de la fe
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  Conjunto de verdades y misterios revelados por Dios o inspirados en la Escri­tura y que la Iglesia ha recibido. Ese depósito ha sido dado a la Iglesia para que lo conserve, lo transmita y lo clarifique; incluso para que lo desarrolle con el paso de los siglos, es decir en su peregrinación por el mundo.
   Se discute entre los teólogos si la Iglesia sólo lo ha recibido para conservarlo con tenacidad y para transmitirlo con fidelidad o si también tiene la misión de desarrollarlo y de desenvolverlo con creatividad.
   Una respuesta es la negativa total: la Iglesia sólo transmite la doctrina recibida. La contraria es la liberal: la Iglesia es dueña y lo desarrolla, adapta, cambia y reelabora de forma conveniente, como hacen los organismos vivos.
   Y la interpretación intermedia y moderada es la que sostiene que la Iglesia, en lo esencial, en lo dogmático y sacramental, conserva lo que ha recibido y es fiel en transmitirlo. No inventa nunca nada pues no es dueña de las verdades sino evangelizadora con ellas. En lo acciden­tal y disciplinar, tiene la misión de revisarlo y renovarlo en conformidad con las exigencias de cada tiempo y cultura, pues es organismo vivo y humano. Por eso en la liturgia o en determinados planteamientos morales o sociales, la Iglesia, no sólo el Magisterio sino la Comunidad entera, va desarrollando los dones reci­bidos y ofreciéndolo al mundo con espíritu de servicio y presencia.